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Quizá te ha pasado que tienes muchas ganas de salir de compras, pero a la vez no quieres gastar tanto dinero. Analizas opciones más económicas y entre el abanico de posibilidades eliges un lápiz labial. Tu decisión puede no ser un hecho aislado sino parte de un fenómeno mundial.
La teoría del pintalabios
La teoría del pintalabios afirma que frente a una crisis social o económica, las consumidoras (mujeres) deciden adquirir artículos menos caros, por ejemplo, comprar un lápiz labial en lugar de un abrigo de piel. La decisión se sustenta en la falta de dinero o el ahorro del mismo.
En los años 20, por ejemplo, el lápiz labial se convirtió en un elemento para realzar la identidad de la mujer durante la recesión económica en los Estados Unidos. Gracias a su bajo costo, el producto era accesible para cualquier mujer económicamente hablando.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill declaró al lápiz labial rojo como un producto de primera necesidad, convirtiéndolo en un estandarte patriótico y moral. Era tal el impacto de este artículo que el primer ministro detuvo la producción de cosméticos a excepción del lápiz labial.
Tras los ataques del 11 de septiembre en los Estados Unidos, Leonard Lauder declaró que la venta de lápiz labial de su compañía (The Estée Lauder) aumentó después de los sucedido en las Torres Gemelas.
Para la periodista Rachel Felder, autora del libro “Red Lipstick: An Ode to a Beauty Icon”, pintarse los labios de rojo hace que las mujeres se sientan fuertes, seguras y atractivas, sentimientos que son muy apreciados en las épocas de crisis.
De Cleopatra a Marylin Monroe
El origen del lápiz labial rojo data del año 3500 a.C., donde la reina Puabi de Mesopotamia se pintaba los labios como símbolo de poder. A Cleopatra también le gustaba teñirse los labios, pero de carmesí.
Con el paso de los años, el lápiz labial rojo se hizo muy presente en las actrices de Hollywood, de Marylin Monroe a Angelina Jolie. Este artículo se convirtió en un accesorio que no puede faltar en el bolso de ninguna mujer.
