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Desde muy pequeña Ana Carla Maza sabía que la música la llamaba, pues creció rodeada de música. Y fue precisamente esto lo que la llevó a componer, producir y escribir “ALAMAR”, su nuevo álbum.
En “ALAMAR“, Maza explora temas como el exilio, el amor y la memoria de la mano de sonidos como ritmos latinoamericanos, música clásica, el jazz, mientras su violonchelo comparte protagonismo con su voz.
“ALAMAR”, el barrio costero de La Habana donde creció Ana Carla Maza
La productora cuenta en Entrevista con Mente Mujer que el nombre del álbum está relacionado con el barrio en el que nació en La Habana, Cuba.
“Aunque ya llevo casi 20 años en Europa, he hecho toda mi carrera aquí, yo nací en Cuba, de una familia cubana e hija de un exiliado chileno, porque mi padre con mi abuela estuvieron exiliados de Chile. La historia muy interesante, Alamar es el barrio de La Habana que está al frente del mar y sobre todo es el barrio que tiene dos edificios donde recibieron a 180 niños exiliados de Chile”, cuenta Ana Carla Maza.
Ana Carla recuerda que su abuela llegó a ese edificio junto con su pequeño hijo. Muchos años después del edificio se fueron todas las personas que vivían ahí, menos su abuela y su padre, pues él se había enamorado de una mujer cubana. Dentro de ese edificio nació Ana Carla.
Su nuevo disco se convirtió en una manera arrojar luz sobre sus raíces de exilio, a la felicidad de su madre, a la historia en la que Ana Carla veía tristeza y melancolía, pero supo tranformarla en alegría y amor propio.
“Este disco es sobretodo una oda para seguir creyendo siempre en el amor”.
-Ana Carla Maza
La técnica debe estar al servicio de la música, de transmitir emociones, no de demostrar que eres el mejor
Ana Carla creció en una familia de músicos, sus padres al igual que ella dedicaron su vida a la música, por eso en su casa siempre había melodías flotando en el aire. “Mis padres me enseñaron el amor y el respeto hacia la música como algo sagrado. Durante más de 15 años, yo me estuve preparando, formándome, estudié en el Conservatorio de París, la Universidad de la Sorbonne”, dijo Meza.
La violonchelista se recuerda parecida a una niña que entrenaba para ganar las Olimpiadas, estudiaba violonchelo ocho horas diarias, fue así que creó una “amistad, amor y complicidad” con su instrumento musical.
“Al final empiezas a crear magia y hay una creatividad cotidiana que que la vas desarrollando y de repente te das cuenta que ya pasas a querer tomar el camino de creadora, porque la música tú puedes decidir interpretar o puedes decidir crear. Recuerdo que desde que tengo 8 años escribía siempre en mis diarios, en mis libretas, escribía todo lo que pasaba y que sentía”, afirmó Meza.
En “ALAMAR”, Ana Carla Maza no sólo comparte una parte su lado más vulnerable, sino que logra transmitir su paisaje interior a través de las melodías, los ritmos y las letras que nos permiten conocerla a través de su arte.
