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Camila es una joven ilustradora de la Ciudad de México que convirtió un momento gris de su vida en un escenario lleno de color.
Y es que al pasar por algunos problemas de salud mental, encontró en la ilustración un refugio para plasmar la magia de lo cotidiano por medio de su arte. En entrevista para Mente Mujer, contó su historia.
Ella es Camila Arana
Camila Arana es una joven originaria de la Ciudad de México. Aunque estudió Sociología, recientemente se ha especializado en hacer arte a través de ilustraciones que reflejan la vida urbana.
Desde muy pequeña, Cami tuvo la pasión de dibujar. Por motivos personales su primera opción no fue estudiar una carrera afín. Sin embargo, en su vida adulta se ha dedicado a retratar la cotidianidad de su ciudad y ahora busca especializarse en Diseño Gráfico.
Además de llenar de color lo cotidiano, otra de sus más grandes pasiones es el ejercicio y encontrar la magia en aquello que parece “menor”.
Un amor que surgió desde la niñez
La relación de Cami con el arte nació desde que era muy pequeña. Con gran amor, la joven recuerda que uno de sus tíos es diseñador y desde que era niña le ponía hacer ejercicios de dibujo.
No obstante, al crecer y enfrentar un problema de salud mental, Camila comenzó a refugiarse en su arte y a “encontrar el color en su vida”.
“Me quedé incapacitada para trabajar formalmente, tomé antidepresivos. Estuve en un proceso de depresión muy fuerte. Entonces, en ese periodo que estuve como muy incapacitada fue cuando empecé a dibujar como un poco como un medio de terapia”.
Precisamente por eso y con la confianza de que las personas somos creativas por naturaleza, Camila está convencida de que el arte puede salvar.
“Si estamos pasando por un momento duro en la vida, yo les recomendaría a las personas que lo escriban, que lo dibujen, que lo griten, que lo canten que permitan que todas las experiencias buenas y malas se transformen en arte, en cosas para compartir a otros”.

Un proyecto que rompió barreras
Además de que el arte rescató a Camila, su proyecto se convirtió en una fuente de ingresos.
La artista recuerda que su abuelo fue víctima de una estafa por internet, por lo que le quitaron prácticamente todos sus ahorros de su jubilación. Ante esta situación, toda la familia comenzó a vender lo que sea para apoyar al señor. Ella hizo lo propio con sus ilustraciones.
“Entonces dije ‘las voy a imprimir, las voy a enmarcar y las voy a vender y todo lo que gane de ahí, pues lo voy a aportar al ahorro de mi abuelo.» Entonces lo empecé a publicar en Facebook, en Instagram y mis amigos empezaron a compartirlo y a su vez otras personas a compartirlo”.
La publicación de sus amigos llegó a un espacio de mujeres llamado “Incendiarias”, donde la contactaron para comercializar su arte. Su emprendimiento llegó a tal grado que actualmente no sólo vende en CDMX, sino en otras partes de la República como Puebla y Yucatán.

Un mensaje que debe perdurar
En cada una de sus ilustraciones, Camila Arana busca recordar la magia que tiene la Ciudad de México. Aún así vayas al trabajo, la escuela o caminando por las calles, ella pretende sacar lo extraordinario de cada rincón.
A esto le suma que detrás de su historia, hay redes de apoyo de mujeres que le han enseñado a trabajar en comunidad.
“Yo he conocido a muchísimas chicas increíbles que también se dedican a cosas similares. Me ha dado la oportunidad de darme cuenta que el arte sí realmente puede ser un trabajo, un trabajo muy digno. Es algo que no solamente sirve para compartir emociones o como un hobby, sino que ellas me han enseñado mucho a dignificar mi trabajo”.
Ante su historia, Camila está consciente de que la fuerza más grande es el amor y hace un llamado para que todas las niñas que sueñan con ser artistas se acerquen con más mujeres y confíen en ellas mismas para abrirse las puertas unas a las otras.