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En el camino hacia la igualdad, los conceptos de paridad y perspectiva de género aparecen con frecuencia, pero no son lo mismo. Comprender su diferencia es clave para entender cómo se construyen políticas más justas y sociedades más equitativas.

La paridad de género se centra en la igualdad cuantitativa. Según el Sistema de Información Legislativa, se trata de un principio que garantiza la participación equitativa de hombres y mujeres en puestos de representación política. Se implementa mediante mecanismos como cuotas o listas alternadas para asegurar que ambos géneros tengan presencia equilibrada en espacios de toma de decisiones.
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Mientras la paridad busca equilibrar la representación numérica de mujeres y hombres, la perspectiva de género analiza las estructuras sociales que perpetúan la desigualdad. En México, la paridad de género se aplica en procesos electorales para que las mujeres accedan a la mitad de los cargos de elección popular, y tanto el TEPJF como el INE han sido claves para hacer cumplir estas medidas y sentencias.
Paridad y perspectiva de género: cómo se complementan
La perspectiva de género no busca únicamente números. Estela Serret Bravo y colaboradoras la definen como “un punto de vista a partir del cual se visualizan los distintos fenómenos de la realidad […] que tiene en cuenta las implicaciones y efectos de las relaciones sociales de poder entre los géneros”, y destacan que es “una noción feminista que ha sido generada para cuestionar el carácter esencialista y fatal de la subordinación de las mujeres”. Este enfoque permite identificar cómo el género influye en nuestras vidas y cómo las políticas públicas pueden ser más inclusivas. Su aplicación permite detectar y corregir desigualdades estructurales en áreas como salud, educación y empleo.
Mientras la paridad de género asegura que las mujeres estén representadas, la perspectiva de género garantiza que esa representación sea efectiva y transformadora. Por ejemplo, un Congreso con 50 por ciento de mujeres no logra igualdad real si las leyes y decisiones siguen reproduciendo estereotipos o ignorando las necesidades específicas de distintos grupos. El enfoque de género permite evaluar el impacto de las políticas y corregir desigualdades estructurales que van más allá de los números.
Beneficios de integrar ambos enfoques
Combinar paridad y perspectiva de género potencia la equidad en todos los niveles. La paridad asegura acceso y visibilidad; la perspectiva de género promueve cambios culturales e institucionales profundos. Juntas, forman herramientas estratégicas para transformar la política, la educación, la salud y el empleo en espacios más equitativos y justos.
En conclusión, entender la diferencia entre paridad y perspectiva de género es esencial para quienes buscan construir sociedades igualitarias. Mientras la paridad de género corrige la subrepresentación, el enfoque de género cuestiona y transforma las normas que perpetúan desigualdades. Solo un enfoque integral que combine ambos conceptos garantiza avances reales hacia la igualdad sustantiva y la justicia social.
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