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¿Cómo una niña que quedó sin vista ni oído antes de cumplir los dos años logró cambiar la historia de los derechos humanos? La respuesta está en la vida de Helen Keller, una figura clave para comprender por qué cada 27 de junio se conmemora el Día Internacional de la sordoceguera, una fecha que busca visibilizar una condición que suele permanecer en los márgenes del debate público.

La condición de sordoceguera permaneció fuera de la conversación durante años antes de ella. Helen Keller nació el 27 de junio de 1880 en Alabama, Estados Unidos. A los 19 meses, una enfermedad le provocó la pérdida total de la vista y el oído. Durante años vivió en aislamiento hasta que, a los siete, su familia contrató a la maestra Anne Sullivan. Con ella aprendió el lenguaje de señas en la palma de la mano, una técnica que revolucionaría su vida. El momento en que Sullivan deletreó la palabra “agua” mientras el líquido fluía por la mano de Helen marcó el inicio de su camino hacia la alfabetización.
En 1904, Helen Keller se convirtió en la primera persona sordociega en obtener un título universitario: un Bachelor of Arts en Radcliffe College en la Universidad de Harvard. A lo largo de su vida escribió 14 libros, ofreció conferencias en todo el mundo y se convirtió en una activista incansable por los derechos de las mujeres, las personas con discapacidad, la justicia social y la paz. Fue cofundadora de la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU), militante socialista y defensora de la comunidad afroamericana en EE.UU.
Día Internacional de la Sordoceguera: un legado vigente
La elección del 27 de junio para conmemorar el día no es casual: coincide con el natalicio de Helen Keller. Desde la década de 1970, diversas organizaciones comenzaron a impulsar esta fecha para visibilizar la realidad de quienes viven con esta condición. En 1984, EE.UU. reconoció oficialmente la Semana de Concientización. Finalmente, en 2025, las Naciones Unidas establecieron el 27 de junio como día internacional para reconocer las luchas, los derechos y los aportes de las personas sordociegas.
Se trata de una discapacidad única que implica limitaciones severas tanto visuales como auditivas, lo que impacta la comunicación, el acceso a la información y la autonomía. El legado de Helen Keller subraya la urgencia de políticas públicas que garanticen el acceso a servicios inclusivos, educación y empleo, además de una vida libre de discriminación.
Un legado que inspira luchas actuales
Helen Keller no sólo rompió barreras personales: su vida abrió puertas colectivas. Fundó organizaciones como Helen Keller International, que trabaja contra la ceguera y la malnutrición, y promovió centros especializados para jóvenes sordociegos. Su historia sigue siendo un faro para el activismo interseccional y el feminismo con enfoque en derechos humanos.
En definitiva, hablar de sordoceguera cada 27 de junio es más que conmemorar a una mujer extraordinaria. Es continuar exigiendo equidad, acceso y dignidad para quienes viven con esta discapacidad múltiple. Recuerda que el privilegio de no vivir con esta condición no debe nublar tu empatía y actividad por quienes sí.
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