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Un síntoma tan común como el dolor menstrual ha sido históricamente ignorado en instituciones. Ahora, un cambio legislativo en la Ciudad de México promete transformar esa realidad. Se reconoce por primera vez que las molestias físicas y emocionales asociadas a la menstruación pueden afectar la asistencia y el rendimiento académico de las estudiantes.

El pasado 17 de agosto, el Congreso de la Ciudad de México aprobó una reforma a la Ley de Educación local que permite justificar faltas escolares debido a dismenorrea incapacitante y síntomas menstruales graves, como cólicos, fatiga, dolor de cabeza o náuseas.
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Con esta modificación, se añadió la fracción XIII Bis al artículo 111, estableciendo que las instituciones educativas deberán reconocer estas ausencias como legítimas. El objetivo no es solo administrativo: se trata de visibilizar la menstruación y atender el bienestar integral de las personas menstruantes, garantizando así el derecho a la educación sin discriminación ni estigmas.
Dolor menstrual y derecho a la educación
El dolor menstrual es más que una molestia pasajera: para muchas adolescentes y jóvenes, puede ser incapacitante y afectar su concentración y permanencia en clase. Sin embargo, durante décadas, estos malestares fueron minimizados o invisibilizados dentro de los espacios escolares.

La diputada María del Rosario Morales Ramos, de la Asociación Parlamentaria Progresista de la Transformación, impulsó la iniciativa. Durante la discusión, se aprobó una reserva para ajustar la redacción y asegurar que la medida cumpliera con su objetivo de proteger tanto la salud física como emocional de las estudiantes. Morales Ramos subrayó que este cambio atiende una situación que afecta de manera recurrente a miles de alumnas y que hasta ahora había carecido de reconocimiento institucional.
Implicaciones sociales y de género
Esta reforma no solo se centra en lo educativo. Representa un paso hacia la justicia de género, porque reconoce que las condiciones biológicas específicas también generan barreras estructurales en el acceso a derechos. Al visibilizar la dismenorrea y otros síntomas, se abre la posibilidad de construir políticas públicas más sensibles y adecuadas a las realidades de las mujeres y personas menstruantes.
Además, normalizar la conversación en torno a la menstruación ayuda a combatir tabúes que históricamente han silenciado este tema. Iniciativas como esta permiten que las y los docentes, autoridades educativas y familias tengan nuevas herramientas para acompañar a quienes atraviesan estas experiencias mes a mes.
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