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Juana de Asbaje Ramírez de Santillana, conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, es una figura que ha quedado inmortalizada a pesar del tiempo.
Y es que aunque han transcurrido más de tres siglos desde su fallecimiento, pasó a la historia como un exponente de la lírica, pero también como una defensora de las mujeres, algo que era totalmente revolucionario en su época.
Aquí, en el sitio Mente Mujer te compartimos algunas de las lecciones que nos dejó “la décima musa”.
Sor Juana defendió su derecho a la educación
Por obvio que parezca, las mujeres no siempre tuvieron las mismas oportunidades de estudio y acceso a la educación que los hombres. Ante ese contexto, Sor Juana Inés de la Cruz desafió el sistema y se hizo monja para poder cumplir su objetivo de estudiar.
“Yo, desde niña, me sentí inclinada a la actividad intelectual. Quería vivir sola, sin ruido, sin obligaciones que estorbaran la libertad de mi estudio. Siempre sentí total negación al matrimonio. Sabía perfectamente que un convento no era el ambiente ideal para desarrollarme como yo quería, pero los usos sociales no me dejaban otra alternativa. Me hice monja por razones de conveniencia”.

Sor Juana habló de la violencia estructural de género
A pesar de la época en la que se encontraba (se dice que nació el 12 de noviembre de 1648 o de 165), Sor Juana cuestionó los roles de género. Algo que se puede apreciar en su famosa frase:
“Hombres necios que acusáis, a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.”
Sor Juana defendió su derecho a alzar la voz
Uno de los escritos por los que Sor Juana Inés de la Cruz siempre será recordada es el de la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz.
Se trata de la contestación que hizo al obispo de Puebla Manuel Fernández de Santa Cruz, quien bajo el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz le había pedido que abandonara las “humanas letras”.
La respuesta de Sor Juana fue clara: “No apruebo la vulgaridad de los que reprueban en las mujeres el uso de las letras”. Así, la monja demostró que las mujeres no sólo podían escribir, sino también alzar la voz.
