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La respuesta no es sencilla, pues no se trata sólo de tener muchas cosas que hacer
Sino que también de pensar en todo lo que hace falta: ¿Hay comida en casa? ¿Quién cuidará a mi mamá si se enferma? ¿Pidieron la cita? ¿Hicieron la tarea? A esa lista interminable se le llama carga mental.
Y es que la carga mental se convierte en un trabajo invisible, pues constantemente piensas en:
- Prever necesidades.
- Organizar pendientes.
- Delegar tareas.
- Recordar lo que falta.
- Dar seguimiento para que todo ocurra.
No es sólo enfocarse en lo que se tiene que haber, sino es pensar en lo que debe hacerse.
¿Por qué afecta más a las mujeres?
Sabemos que el trabajo de cuidados debería ser una responsabilidad compartida, sin embargo, las mujeres continúan asumiendo una mayor parte de los cuidados no remunerados.
Según ONU Mujeres, dedican diariamente 2.5 veces más horas que los hombres a cuidar de otras personas, cocinar, limpiar y gestionar el hogar.
¿Por qué sucede?
La mayoría de las personas crecimos escuchando que las mujeres poseen una intuición innata para cuidar, cocinar, limpiar y organizar.
Se tratan de roles que se aprenden y que también pueden cambiarse.
Los hombres son tan capaces de cuidar como las mujeres, sin embargo, a ellos muchas veces se les enseña a participar como ayudantes, mientras que ellas son cuidadoras principales.
La desigualdad en los cuidados también afecta en lo laboral
Cuando las mujeres se vuelven madres, tienen más probabilidades de recibir salarios más bajos o frenar su desarrollo profesional, a lo que se le conoce como penalización por maternidad.
Además, el 45 % de las mujeres en edad de trabajar está fuera del mercado laboral debido a sus responsabilidades de cuidados, frente al 5 % de los hombres.
