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Cada agosto, México visibiliza la importancia de la lactancia materna con una agenda nacional que reúne esfuerzos médicos, legislativos y comunitarios. Pero ¿cuánto han cambiado realmente las condiciones para las mujeres que amamantan? Esta nota explora el estado actual de las políticas públicas y por qué, a pesar de avances notables, aún estamos lejos de garantizar un entorno equitativo y sostenible para todas las madres.

México se comprometió a que, para 2025, al menos el 50 por ciento de los bebés menores de seis meses reciban lactancia materna exclusiva. Aunque en 2024 la cobertura alcanzó el 43 por ciento en instituciones como el IMSS, el promedio nacional aún oscila entre el 33 y el 43 por ciento. Esta brecha revela un problema estructural: el acceso desigual a servicios, el estigma del amamantamiento en público y la falta de medidas laborales efectivas.
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“Dar prioridad a la lactancia” es el lema para 2025. El Instituto Nacional de Perinatología propone “crear sistemas de apoyo sostenibles”. Esta visión se traduce en acciones como iniciar el amamantamiento en la primera hora de vida, la promoción de salas de lactancia en centros laborales y la capacitación médica continua sobre lactación y derechos maternos.
Lactancia materna y las políticas públicas integrales
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha reforzado su Modelo de Atención Materna Integral del Instituto Mexicano del Seguro Social (AMIIMSS), priorizando una atención humanizada y la asesoría profesional en lactación. Además, ha instalado 126 lactarios, 73 salas de lactancia y ha logrado reducir en más del 90 por ciento el uso de fórmulas infantiles. Evidenciando que, con inversión y coherencia institucional, los avances son tangibles.

El Congreso analiza en 2025 una reforma para normar la operación de bancos de leche materna, garantizar su refrigeración segura y obligar a instalar lactarios en el sistema público de salud. También hay propuestas para extender la estabilidad laboral por hasta dos años a madres lactantes, conforme al Convenio 183 de la OIT, aún no ratificado por México.
Desafíos persistentes: desigualdad y violencia simbólica
A pesar de las campañas y normas, muchas mujeres siguen enfrentando despidos, críticas o acoso por amamantamiento en público. La licencia de maternidad de solo 90 días y la falta de espacios adecuados en el trabajo limitan el ejercicio pleno de sus derechos. Además, la publicidad de fórmulas infantiles sigue siendo agresiva, con escasa supervisión regulatoria.
Aunque hay avances importantes, México aún no cumple con su propia meta de lactancia materna exclusiva. El desafío es enorme: garantizar entornos laborales, comunitarios y legislativos que acompañen, no castiguen, a quienes deciden amamantar. Este agosto no basta con celebrar: toca exigir que la lactancia se convierta en un derecho respetado, no en un privilegio condicionado.
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